enero 31, 2012

Maximiliano de Habsburgo y la intervención francesa en México

Ejecución de Maximiliano I (cuadro de Manet, 1867)
En la década de 1860, mientras Estados Unidos se encontraba inmerso en una sangrienta guerra civil, las potencias europeas intentaron entrometerse en los asuntos de América Latina, siendo México el país más afectado por estas aventuras imperialistas. El objetivo principal era intervenir en los asuntos internos de las nuevas naciones latinoamericanas y, además, tomar bando por los rebeldes sudistas en la Guerra de Secesión estadounidense. Los invasores imponen en México a un príncipe extranjero: Maximiliano de Habsburgo, el cual se convierte en emperador con el nombre de Maximiliano I. El pueblo mexicano inicia entonces una lucha contra los invasores franceses y contra el usurpador austriaco, logrando después de 5 años de guerra (1862-1867) expulsar a los franceses y fusilar al efímero emperador. He aquí la historia de la última intervención europea en América Latina y cómo una nación derrotó a la primera potencia militar de la época.

Los antecedentes: la conspiración

El drama empieza en octubre de 1861 cuando Gran Bretaña, Francia y España firmaron un acuerdo en Londres para realizar una intervención armada conjunta en México. El objetivo principal era el derrocamiento del gobierno liberal de Benito Juárez y apoyar a las fuerzas conservadoras. En lo sucesivo, utilizando a agentes mexicanos, las potencias imperialistas planeaban privar a México de su independencia y someterla a los intereses europeos.

Benito Juárez, presidente de México (1858-1872)
Cada uno de los actores en la intervención, aparte de los fines comunes que los unían, tenían sus propios planes. Al organizar la intervención en México, el emperador francés Napoleón III y el primer ministro británico, lord Palmerston pretendían provocar un conflicto con el gobierno de Estados Unidos, el cual facilitaría la intervención europea en la Guerra de Secesión, a favor de los esclavistas del sur. Napoleón III se proponía, una vez derrocado el gobierno republicano, convertir a México en una monarquía encabezada por el archiduque Maximiliano de Habsburgo, protegido del emperador francés, para lograr así su influencia en América Latina. Al mismo tiempo pensaba fortalecer su posición política interna gracias a un triunfo militar. En cambio, los círculos dirigentes de España trataban, a su vez, de restaurar su antiguo dominio sobre México con el apoyo de los conservadores mexicanos a quienes habían prestado ayuda durante la guerra civil que los enfrentaba al gobierno liberal de Juárez.

Para justificar su invasión, las potencias europeas se basaban en una resolución del Congreso mexicano del 17 de julio de 1861, relacionado con la suspensión temporal de pagos de la deuda externa. Sin embargo, la demanda del pago de la deuda era solamente un pretexto. La intervención de las potencias europeas perseguía propósitos que iban mucho más lejos que obligar a México a reanudar el pago de sus obligaciones económicas a sus acreedores extranjeros. La intervención había sido preparada mucho antes de decretada la resolución y comenzó después de que el Congreso mexicano la anulara.

El inicio de la intervención extranjera

Tropas españolas procedentes de Cuba, fueron las primeras en llegar a costas mexicanas y el 18 de diciembre ocuparon Veracruz. A principios de enero de 1862 desembarcaron las tropas inglesas y francesas. El mariscal español Prim fue designado comandante en jefe de las fuerzas intervencionistas.

Napoleón III, emperador de los franceses (1852-1870)
Debido a que las fuerzas conservadoras no fueron capaces de apoyar abiertamente a los invasores, estos últimos se vieron obligados a entablar conversaciones con el gobierno mexicano. El 19 de febrero de 1862, en La Soledad (Veracruz), los representantes de México, Gran Bretaña, Francia y España firmaron un acuerdo preliminar que contemplaba la continuación de negociaciones relacionadas con las pretensiones de las potencias europeas con respecto al pago de la deuda mexicana. Los gobiernos británico y español aprobaron (con ciertas reservas) el convenio de La Soledad. En cambio, Napoleón III se negó categóricamente a reconocer dicho acuerdo, desconociendo al gobierno mexicano como interlocutor válido en las negociaciones.

En abril de 1862 fueron evacuadas las tropas españolas y británicas de México. El primer Ministro Palmerston retiró sus fuerzas porque consideraba que los fines perseguidos por la intervención podían ser alcanzados ahora sin la participación directa de Londres, pues los círculos gobernantes de Francia estaban dispuestos a jugarse con todo en la aventura mexicana y derrocar a Juárez (considerado indeseable por Gran Bretaña) y así realizar sus planes. En cambio, el gobierno español pretendía convertir a México en protectorado e instalar como monarca a un miembro de la dinastía gobernante. Pero se vio pronto obligada a replegarse en virtud de que los planes de Napoleón III afectaban directamente a sus intereses.

En consecuencia, la coalición europea se quebró, pero el pueblo mexicano tuvo que librar todavía una lucha encarnizada contra los invasores franceses. El gobierno de Benito Juárez tomó una serie de medidas para hacer frente a la situación: en diciembre de 1861, llamó a las armas a la población apta para el servicio militar. Con el objetivo de paralizar la actividad de los conservadores, el 25 de enero de 1862, Juárez decretó que "todo mexicano o extranjero que realizara acciones criminales contra la independencia y seguridad de la nación, así como contra el derecho internacional, será castigado con la pena de muerte". Cuando la inminencia de un conflicto prolongado con Francia ya era una realidad, el gobierno liberal decretó en abril de 1862 el Estado de Sitio en los territorios bajo control francés.

El 16 de abril de 1862, los representantes del gobierno francés en México declararon que Francia se encontraba en estado de guerra con el gobierno de Juárez y las operaciones militares se iniciaron el 19 del mismo mes.

Zuavos, fuerza de élite del ejército francés
Desde el punto de vista militar, la organización y preparación del ejército mexicano era inferior al francés. Su armamento era escaso y viejo. Sin embargo, los mexicanos tenían una fuerte ventaja: defendían su territorio de los invasores extranjeros. La elevada moral y patriotismo del pueblo mexicano se manifestó desde los inicios de la guerra y se mantuvo hasta el final.

En abril de 1862, la fuerza expedicionaria francesa emprendió la ofensiva contra la ciudad de Puebla, situada a mitad de camino entre Veracruz y Ciudad de México. Puebla estaba defendida por una guarnición integrada, en su mayoría por indígenas. Los soldados se encontraban semidesnudos y en su mayoría armados con machetes, mientras que la artillería era anticuada. Sin embargo, su resistencia fue tan fuerte que los franceses sufrieron una derrota total y fueron obligados a replegarse.

Ante este revés, el régimen de Napoleón III envió 30.000 hombres a México bajo el mando del general Forey. Mientras tanto, el pueblo mexicano se preparaba también para proseguir la lucha, reuniéndose en octubre de 1862 el Congreso Nacional y aprobó un llamamiento al pueblo a la lucha contra el invasor.

En marzo de 1863, los franceses lanzaron una segunda ofensiva contra Puebla convirtiéndose en una sangrienta batalla urbana, donde los invasores se vieron obligados a combatir casa por casa y cuadra por cuadra. Al resultar poco efectivo el fuego de artillería, los franceses emplearon cañones navales para bombardear la ciudad, destruyéndola prácticamente. El 17 de mayo, al agotarse los víveres, la guarnición de Puebla se vio obligado a capitular, destruyendo previamente todos los pertrechos y cañones, y haciendo explotar los depósitos de pólvora.

Representación de la batalla de Puebla (5 mayo 1862)
La valentía demostrada por los mexicanos en la defensa de Puebla despertó la solidaridad y admiración de todo el mundo. El escritor francés Víctor Hugo, en su Manifiesto a los Defensores de Puebla, escribió: "Vuestra heroica resistencia se sustenta en la razón respaldada por una gran fuerza invencible: la justicia... Pero en cualquier caso, resulten ustedes victoriosos o derrotados, nuestra Francia seguirá siendo vuestra hermana, hermana en la gloria y en el infortunio".

Entra Maximiliano de Habsburgo

Con la caída de Puebla, quedaba abierto el camino a Ciudad de México. El 31 de mayo de 1863 el presidente Juárez y el gobierno abandonaban la capital, instalándose en San Luis de Potosí. A principios de junio los franceses entraron en Ciudad de México. Para ese entonces, los principales puertos mexicanos (Vercaruz, Tampico y otros) se encontraban en manos de los agresores, circunstancia que privó al gobierno de Juárez de los ingresos provenientes de las aduanas, agravándose aún su situación financiera.

Una vez tomada la capital, los ocupantes procedieron a organizar "la voluntad del pueblo mexicano" en favor de la proclamación de una monarquía. El 18 de junio el mariscal Forey convocó a una Suprema Junta de Gobierno integrada por 35 notables conservadores, los cuales eligieron un Consejo de Regencia y convocando a una Asamblea de Notables, que debería decidir la futura forma de gobierno para México.

El 10 de julio de 1863 la Asamblea, integrada por terratenientes, la jerarquía católica, burócratas y oficiales, dispuso:
  1. La nación adopta como forma de gobierno una monarquía moderada hereditaria, con un príncipe católico en el trono.
  2. El monarca llevará el título de Emperador de México.
  3. La corona imperial mexicana será ofrecida a su alteza Fernando Maximiliano, archiduque de Austria.
  4. En caso de que Fernando Maximiliano no acepte el trono que le es propuesto, la nación mexicana pide al emperador Napoleón III que designe al príncipe católico a quien deberá ser propuesta la corona.
Archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo
La Asamblea envió una delegación a Austria para entregar a Maximiliano la corona mexicana. Este declaró que no podía aceptar la corona mientras la mayoría de la población no se pronunciara por el Imperio.

En octubre de 1863 los invasores iniciaron las operaciones al norte de la capital mexicana. En ese entonces, Forey , quien había comprometido seriamente al gobierno francés con su intromisión descarada en los asuntos internos de México, fue sustituido por el general Bazaine. Las fuerzas francesas fueron movilizadas hacia el norte del país y ocuparon las ciudades de Querétaro, Monterrey, San Luis Potosí y Saltillo.

Sin embargo, en las zonas ocupadas por los invasores, solamente controlaban unas cuantas ciudades. La mayor parte del país se encontraba en manos de guerrilleros. Aun así, esto no fue impedimento para que los franceses organizaran un "plebiscito", donde cerca de 8,6 millones de mexicanos "aprobaran" la creación del Imperio.

Delegación mexicana ofreciendo la corona imperial de México a Maximiliano
de Habsburgo (1863)
El 10 de abril de 1864, en su castillo de Miramar el archiduque de Austria aceptó la corona que le fue propuesta por la delegación de la Asamblea y se convirtió en emperador de México bajo el nombre de Maximiliano I. Ese mismo día Maximiliano y Napoleón III firmaron un acuerdo en virtud del cual México se comprometía a pagar a Francia:
  • 270 millones de francos como compensación por gastos derivados de la organización de la intervención.
  • 1.000 francos al año por cada uno de los 40 mil soldados del ejército francés, estacionados en México.
  • Una enorme suma a título de indemnización por los daños sufridos a súbditos franceses.
Inicio de la lucha contra el Imperio

Maximiliano I, emperador de México (1864-1867)
A finales de mayo Maximiliano llegó a México. Sin embargo, la posición del Imperio nunca pudo ser sólida, ya que todo el pueblo mexicano, con excepción de los sectores conservadores, sostuvo desde el principio una encarnizada lucha contra el invasor. Las fuerzas francesas tuvieron dificultades en obtener recursos, incluso en las regiones más ricas de México, y tuvieron que verse obligados a importar víveres de Estados Unidos. Durante la lucha, ambos bandos cometieron atrocidades, incluidos fusilamientos, asesinatos de civiles inocentes y destrucción de ciudades y pueblos.

El terror y la violencia de las tropas francesas enardecía aún los ánimos del pueblo mexicano. La mayoría de la población veía con desprecio a los partidarios de la intervención y de Maximiliano.

A consecuencia del carácter popular de la guerra, así como de algunas particularidades geográficas del territorio mexicano, las acciones bélicas tuvieron carácter prolongado. Las tropas invasoras utilizaban sus innumerables ventajas técnicas frente a los mexicanos y triunfaban en los combates contra unidades regulares. Entre 1864 y 1865, las principales ciudades mexicanas fueron ocupadas por los franceses, obligando a Juárez a cambiar cinco veces su residencia, retirándose cada vez más hacia el norte. Sin embargo, las líneas de comunicación francesas se alargaban enormemente y caían bajo los golpes de los guerrilleros mexicanos. En lugar de los destruidos ejércitos liberales surgían cientos de grupos guerrilleros que, apoyados por el pueblo, formaban nuevos ejércitos que abrumaban en número a los ocupantes.

Mientras tanto, y con el propósito de acabar con el movimiento popular, el II Imperio y los ocupantes franceses decretaron una serie de leyes represivas, siendo la más célebre el decreto de octubre de 1865, conocido como la Ley Negra y que condenaba a muerte a toda persona que combatiera contra el Imperio y los franceses. Todos los que eran capturados bajo esa ley, iban a ser juzgados y ejecutados en un plazo de 24 horas y sin derecho a apelación.

Escudo de México bajo el II Imperio
Inmediatamente después de decretada la Ley Negra, los tribunales militares se lanzaron a una cacería contra los enemigos de Maximiliano: los fusilamientos adquirieron carácter masivo. Al no tener la posibilidad de castigar a los republicanos y los guerrilleros, el Imperio y sus aliados franceses dirigieron toda su represión contra la población civil. Ciudades enteras eran destruidas si sus habitantes solidarizaban con los rebeldes.

El II Imperio Mexicano: una ficción

Los intervencionistas franceses, apoyados por los conservadores mexicanos, querían convertir a México en una monarquía católica. Por eso, el pueblo mexicano, además de defender su territorio, defendían su sistema de gobierno y su independencia.

La lucha del pueblo mexicano fue dirigida por liberales y el gobierno de Benito Juárez, el cual siguió, pese a las dificultades, reformas como la requisición y préstamos forzosos a los grandes terratenientes. Durante la guerra Juárez fue el auténtico líder del pueblo y su nombre se convirtió en símbolo de fidelidad a la patria y a la República.

En cambio, la situación del Imperio de Maximiliano no era muy sólida a pesar de los éxitos obtenidos por las tropas francesas. En abril de 1865 fue promulgada una Constitución provisional por la que México se convertía en monarquía hereditaria regida por un emperador católico. El emperador debía gobernar asesorado por un Consejo de Ministros y un Consejo de Estado. La Constitución provisional proclamaba la igualdad ante la ley, la inviolabilidad de la persona y la propiedad, la libertad de conciencia y de opinión y prohibía la persecución política. Pese a estas reformas, Maximiliano y los ocupantes franceses no lograron crear ninguna base popular a su régimen.

Mapa de la intervención francesa en México
En el aspecto económico, el II Imperio Mexicano se enfrentó a una aguda crisis financiera. Gran parte de su presupuesto (40% de los gastos) era destinado al pago de la deuda externa; los gastos militares, en cambio, alcanzaban al 33,3%. El régimen de Maximiliano gastó en 1865 tres veces y media más que la República en 1861. Esta diferencia se explica no solamente por el hecho de que México era saqueado por los ocupantes extranjeros sino por los enormes gastos militares y el costo de la corte imperial. Toda esta pesada carga recaía sobre el pueblo mexicano. Un ejemplo fue que los impuestos se duplicaron en 1865.

Militarmente, la situación del Imperio era bastante crítica. El ejército francés era el pilar firme de su existencia, además de mercenarios austríacos y belgas, y unidades del llamado Ejército Imperial Mexicano, compuesto mayoritariamente por campesinos reclutados forzosamente, elementos desclasados urbanos y prisioneros de guerra. Maximiliano nunca pudo formar un ejército nacional, ya que era fuertemente rechazado por el pueblo y su ejército era tan débil, que sufrían deserciones masivas, integrándose a las fuerzas republicanas.

Abraham Lincoln, presidente de Estados Unidos (1861-1865)
Pese a que el régimen de Maximiliano I fue reconocido por varias potencias europeas, Estados Unidos y los países latinoamericanos rechazaron al II Imperio, reconociendo a Benito Juárez como el légitimo gobierno. Si la posición latinoamericana se explica por un sentimiento de solidaridad hacia México, la posición de Estados Unidos era más pragmática: la intervención europea era considerada por Washington como una amenaza directa a sus intereses en América Latina y le preocupaba que Francia intentara instalarse en México, vecino de Estados Unidos y que tenía intereses económicos y políticos.

Pese a que la Guerra de Secesión impidió que el gobierno de Washington interviniera directamente en México, estableció en 1862 un embargo de armas que perjudicó a ambos bandos. Recién, en 1865, Washington anuló el embargo, lo que permitió a los republicanos adquirir armas, reclutar voluntarios y recibir préstamos por 30 millones de dólares. Simultáneamente, diversos círculos políticos estadounidenses ya trazaban planes expansionistas sobre México una vez acabada la guerra contra Maximiliano. Esto hizo que Juárez aprovechara de explotar las tensiones políticas entre Washington y París a favor de México.

La muerte de Maximiliano: el fin de la aventura

A principios de 1867 era evidente el fracaso de la intervención militar francesa. La lucha del pueblo mexicano fue la razón principal de la derrota de los ocupantes. Los invasores perdieron 6.500 hombres, aproximadamente un 20% de sus efectivos. Los soldados franceses no querían combatir en un país lejano por intereses ajenos. El clima, el mal estado de los caminos, las epidemias y los ataques guerrilleros minaron fuertemente su moral.

Carlota Amalia, emperatriz de México
Mientras tanto, en Francia aumentaba la impopularidad de la aventura imperial en México. El Parlamento se pronunció enérgicamente contra la intervención y frecuentemente aparecían en la prensa protestas contra la guerra en México. La "expedición mexicana" era bastante impopular entre el pueblo francés debido a su carácter de conquista, a la vez de su alto costo, en momentos en que la situación político-militar en Europa era sumamente tensa. Ya estaban surgiendo las rivalidades entre Francia y Prusia, y el régimen de Napoleón III exigía la suspensión de toda aventura bélica para enfocarse en este nuevo foco de tensión.

Finalmente, la prolongación de la intervención creaba para Francia la amenaza de un conflicto contra Estados Unidos, el cual tras la guerra civil, exigió la evacuación de las tropas francesas de México.

En tales circunstancias, Napoleón III se vio obligado a desistir de su aventura mexicana. El 10 de enero de 1867 el mariscal Bazaine recibió la orden de evacuar inmediatamente las fuerzas expedicionarias, abandonando el país a finales de marzo.

Una vez evacuados los franceses sólo quedaron a disposición del II Imperio un puñado de mercenarios extranjeros y pequeñas unidades militares comandadas por generales reaccionarios. En manos de Maximiliano se encontraban la capital y las ciudades de Puebla, Querétaro, Orizaba y Veracruz. El resto del territorio estaba ya en manos de los republicanos.

A mediados de marzo de 1867, las fuerzas de Maximiliano fueron cercadas por las tropas republicanas. El 15 de mayo, después de duros combates, la ciudad fue tomada y el emperador fue hecho prisionero, siendo juzgado por un tribunal militar. En el veredicto acusatorio se señalaba que Maximiliano había sido instrumento de los intervencionistas franceses, junto con los cuales esclavizó al pueblo mexicano y, al igual que ellos, era responsable de miles de fusilamientos, saqueos y destrucción de ciudades y de otros crímenes. De acuerdo con la ley del 25 de enero de 1862, el tribunal condenó a Maximiliano y sus cómplices a la pena de muerte, siendo fusilados el 19 de julio del mismo año.


A finales de junio de 1867 los republicanos se apoderaron del último reducto imperial: Veracruz. El 15 de julio Juárez era recibido triunfalmente en Ciudad de México.

El pueblo mexicano había salido victorioso de la desigual lucha por su libertad e independencia.

Fuente. Adaptado de Alperovich-Sliezkin, Historia de América Latina, Ediciones Quinto Sol, México 1983
"Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra." Rodolfo Walsh (1927-1977), periodista, víctima de la dictadura militar argentina
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